sábado, 22 de febrero de 2014

UNIDAD N°3

Los viajes de Pablo
Los Judíos de la ciudad de Listra animaron a la multitud a apedrear a Pablo.

¡Qué gran Maldad! Lo llevaron fuera de la ciudad, porque pensaban que estaba muerto. Pero cuando los discípulos se reunieron a su alrededor, él se levantó y entró en la ciudad de nuevo. Como Pablo era perseverante. Al día siguiente, Pablo y Bernabé fueron a la ciudad de Derbe. Al llegar allí predicaron la palabra de Dios, y muchos habitantes de la ciudad se

convirtieron. Después de eso, se embarcaron para varias ciudades, y siempre dando fuerzas y alentando a los cristianos. Ellos enseñaron que había que esforzarse por entrar en el reino de Dios. En cada Iglesia y ciudad que pasaban, elegían a hombres para predicar el evangelio, ayunaban y los entregaban a Dios, hacían reuniones en las iglesias, siempre cumpliendo la misión que Dios ordeno. El viaje misionero de Pablo no se detiene ahí: ahora tenía un nuevo equipo, Silas y Timoteo.

En aquellos días, los viajes eran muy difíciles, porque se hacían a pie, a caballo, en burro o el barco, pero esto no desanimaba a Pablo. Fueron por

las regiones de Siria y Silicia visitando las iglesias y alentando a los nuevos convertidos. Y allí estaban ellos, felices y contentos predicando el evangelio, levantando obreros y líderes de las nuevas iglesias que se estaban abriendo. Cada día, las iglesias eran más fuertes en la fe y el número de convertidos

cada vez mayor. Pablo era un hombre muy obediente a Dios, y donde el Espíritu Santo lo mandaba, el iría inmediatamente. Cuando llegaron a la ciudad de Filipos, conocieron una mujer llamada Lidia, vendedora de ropa fina que temían a Dios. Ella y toda su familia fueron bautizadas, y hospedo en su casa a los jóvenes misioneros con gran alegría.

Muchas personas en esa ciudad fueron curadas y liberadas, entre ellos una

joven esclava que adivinaba el futuro, cuyos propietarios la utilizaban para hacer dinero. La pobre muchacha estaba dominada por los malos espíritus y todos los días seguía a los discípulos diciendo que eran siervos de Dios. Pablo, disgustado con la situación, liberó a la chica. ¡Wow! Los dueños de la esclava estaban furiosos con Pablo y Silas, y los llevaron hasta las autoridades. Ellos fueron azotados y encarcelados. ¡Qué gran injusticia! Los jóvenes fueron detenidos por predicar el evangelio. Pero Dios tenía un plan en todo eso.

A medianoche, ¿saben lo que ellos hicieron, chicos? Comenzaron a cantar y orar a Dios, cuando de repente, el suelo empezó a temblar. Sí, era un terremoto. Las cadenas que unían a Pablo y Silas estaban rotas y las puertas de la cárcel se abrieron. El carcelero, al despertar, viendo las celdas abiertas, quedo desesperado y con miedo de que los presos hubiesen huido. Su

Desesperación era tan grande que sacó su espada, pensando en quitarse la vida. Pero Pablo clamó a gran voz: No te hagas daño a ti mismo, no huimos, ¡estamos todos aquí! Entonces el carcelero se arrodilló delante de Pablo y le preguntó: ¿Qué debo hacer para ser salvo? Pablo respondió: "Cree en el Señor Jesucristo y será salvo, tú y tu casa. " ¡Qué maravilla! ¿Sabes lo que pasó? El carcelero y toda su familia escucharon la Palabra de Dios y fueron bautizados en el nombre de Jesús. La alegría de esta familia fue tan grande, llevaron a Pablo y Silas a su casa, comieron juntos y demostraron una gran alegría por haber creído en Dios. Ellos regresaron a la cárcel y se quedaron hasta el amanecer. Por la mañana, Pablo y Silas fueron liberados.

Conclusión Vean, chicos No fue en vano que Pablo y Silas fueron arrestados, pues era necesario estar allí para que el carcelero y su familia escucharan la palabra de Dios y aceptar a Jesús. Pero eso sólo sucedió porque ellos no murmuraban, no estaban enojados por haber sido arrestado, ni tenían miedo, por el contrario, alabaron a Dios y cantaban todo el tiempo. ¿Se imaginan si hubieran escapado? Esa familia perdería la oportunidad de escuchar la Palabra de Dios. Pablo y Silas estaban seguros de que Dios nunca los abandonaría ni dejarlos solos. Al ver aquella familia alegre y feliz de conocer a Dios, Pablo y Silas se animaron cada vez más a hablar de Jesús, no se cansaban ni tenían miedo de ser arrestado de nuevo, después de viajar a otras ciudades. Hagan como Pablo: hablen de Jesús para la gente, y no se cansen, ni tengan miedo, porque Jesús estará con ustedes en todo momento, pueden estar seguro de eso.


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