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El poder de la Oración

Cuando entendemos el valor de tener a Dios como Padre y Señor, y creemos en Su existencia, tenemos la oportunidad de conocerlo. A través de la oración, buscamos Su presencia; con una entrega sincera de nuestra vida acontece lo extraordinario: un encuentro verdadero con Él. Somos transformados y nacemos de nuevo; vivimos en Su total dependencia y desenvolvemos intimidad con Él. Cuando estuvo en este mundo, el Señor Jesús hablaba como Padre y con placer intercedía por nosotros con mucha intimidad: 
“Yo ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por los que me diste; porque tuyos son, y todo lo mío es tuyo, y lo tuyo mío; y he sido glorificado en ellos. Y ya no estoy en el mundo; más éstos están en el mundo, y yo voy a ti. Padre Santo, a los que me has dado, guárdalos en tu nombre, para que sean uno, así como nosotros” (Juan 17:9-11). 
Note que Dios escucho esa oración, pues hemos sido alcanzados con las salvación a través de Su sacrificio en la cruz por nosotros. También somos guardados del mal y tenemos unidad de espíritu al vivir en obediencia de Sus Mandamientos. Nuestra palabra también puede tener poder, así como la de Él.

Perciba que en la oración de Jesús no hay sentimientos, y si una seguridad de que Dios estaba escuchando y atendiendo. Esa es la fe inteligente, plantada por el Espíritu de Dios. Use esa fe para orar por los enfermos, por la familia, por la vida económica, por sus Siervos en Su obra, pues así Él será visto en su vida.
“Pero tú, cuando ores, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto, te recompensará en público. Y al orar no uséis vanas repeticiones; como los gentiles, que piensan que por su palabrería serán oídos” (Mateo 6:6,7).

Entonces anote estos consejos del Señor Jesús:
- Sea sincero delante de Dios, pues la recompensa viene de Él, no de otros o de méritos propios.
- Nada de llamar la atención de los otros ni de usar palabras decoradas, oraciones largas y fingidas. No por mucho hablar es que será oído, pero si por la sinceridad.
- Siempre diríjase al Señor con temor y prefiera estar solito con el, a gusto, sin querer mostrarse a nadie, pues Él ve la intención de su corazón, si es de amor o de fingimiento. Él nos conoce muy bien, no tenemos como engañarlo.

Adquiera el hábito de hablar con Dios, creyendo en Su Poder, y quede en la dependencia de Él para que dirija toda su vida. No olvide que es Poderoso y escudriña los corazones.

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